En la Venezuela del siglo XXI, educar ya no
es sinónimo de enseñar a ser buenos ciudadanos,
personas sujetadas a derechos y deberes cívicos. No es para nada, transmitir conocimientos para preservar
los existentes y producir nuevos. De igual manera no es preparar
a las futuras generaciones para el porvenir. Por otro lado tampoco es alimentar conciencias para tener hombres
y mujeres consustanciados con lo que espera la sociedad de ellos. Así mismo carece del sentido de sembrar valores para cosechar jóvenes
virtuosos, moral y espiritualmente bien definido. Mucho menos es instruir para apreciar la libertad y
luchar por ella.
Tristemente la educación ya no es lo que
solía ser, y sus docentes tampoco, pues ahora
ser docente significa estar “COMPROMETIDO CON EL PROCESO”. Cuando decimos
que alguien está comprometido hacemos ver que está en una situación difícil, complicada, dificultosa y pare usted
de contar… Si bien es cierto que nuestra tarea no es fácil, la pregunta que
surge es: ¿Comprometido con cuál proceso? ¿Con el Educativo o con el Revolucionario?
Como se puede apreciar, el arte de enseñar a otros, ya no es el
instrumento por excelencia empleado para convertir al hombre en un recurso útil para cualquier
nación. En otras palabras la educación no es más el vehículo que nos hace seres
sociales para vivir por, para y con todos sino un mecanismo para la loa y
adulancia hacia aquel que ostenta el poder.
Es hasta abérrate pensar que sólo aquellos
afectos a un ideario pueden ser reconocidos como docentes de alta idoneidad, académica, moral y ética, y por lo tanto,
colocarlos como piezas claves para el desarrollo de programas educativos que
impacten de manera significativa a la sociedad en su conjunto. Pero no, esa no es la razón, la penosa razón está dada
por la apacible visión de obedecer sin discutir las órdenes que se les dan a quienes sin ningún tipo de amor propio se
hacen llamar “COMPROMETIDO CON EL PROCESO”
Desde esta perspectiva, ¿Están siendo los
docentes seleccionados y colocados en cargos de confianza basada en su pericia
educativa? Lamentablemente, ¡No! Sólo basta que estés en la disposición de obedecer sin cuestionar y el cargo es tuyo…
Da hasta pena ajena que se asome las reales
razones por lo que algunos son escogidos, pues si se analiza se podrá obtener
que no se siguen los canales regulares: a.- Concurso de
oposición (presentación de credenciales). b.- Evaluación de
desempeño docente. c.- Años de servicios. etc. Todo esto se anula cuando se presenta: a.- Carnet del
partido b.- Título de misión (no limitante puede
ser estudiante) c.- Recomendación del consejo comunal. No importa si usted está preparado o no, lo que importa es que cumpla lo que le ordenes
sin deliberar en cuanto a lo conveniente o perjudicial de lo que se le pide que
haga.
La profesión docente se ha
convertido en una especie de premio o castigo, es decir, “si te pliegas a mí, te saco a la luz… si te opone a mí te hago
invisible”. Lo inefable de todo esto es
que en el medio están nuestros estudiantes quienes merecen tener al frente personas como
lo contempla el Reglamento del Ejercicio de la
Profesión Docente (2000)
Artículo 4°: El ejercicio
profesional de la docencia constituye una carrera, integrada por el
cumplimiento de funciones, en las condiciones, categorías y jerarquías
establecidas en este Reglamento. La carrera docente estará a cargo de personas
de reconocida moralidad y de idoneidad docente comprobada, provistas del título
profesional respectivo.
Queda
claro que la docencia es una
carrera en donde se debe respetar las
jerarquías y debe tener como requisito, sine qua non, idoneidad pedagógica. La educación como acto social es una enamorada
de la libertad, la pluralidad y la equidad, aspectos que garantizan el principio
de justicia que apela a: “Darle a cada quien lo que le corresponde
según como actúa”, sin embargo:
-
No puede haber una educación libre cuando se está atado a
una idolología, que envilece a sus adeptos y lo convierte en seres serviles incapaces
de darse cuenta que son objetos y no sujetos de la construcción de un hecho
pedagógico.
-
No puede haber educación plural cuando sólo unos cuantos
pueden tener el derecho a ejercer sus derechos,
mientras que los demás son rezagados.
-
No puede haber una educación equitativa en igualdad de
condiciones cuando el método de selección es dado por el nivel de sumisión a la revolución!
Vamos
a pensar… ¿Es está la educación para la que nos formamos?, ¿Es está la
educación que nos merecemos? Seamos valientes
y honremos nuestro juramento por que si no “Dios y la patria nos lo demandaran”