En estos últimos años,
los docentes de carrera hemos sido actores de una tragicomedia en donde los
malos son los protagonistas y los buenos los antagonistas... raro no? Pues sí,
aunque no se crea cada vez que hemos visto como se viola expresamente la LOE
(2009) en su articulo 12 "No está permitida la realización de actividades de
proselitismo o propaganda partidista en las instituciones y centros educativos
del subsistema de educación básica..." y tratamos de hacer ver
que eso es incorrecto y que por lo tanto se debe entrar en razón, se nos tilda
de ser resistente al cambio, de estar en contra de los lineamientos e incluso
de ser APATRIDA... Santo Cristo.
En vista de la
inconsistencia entre el deber ser y el hacer de la educación en estos últimos
años, me tomo el atrevimiento de advertir algo que aunque todo docente debe
tener en cuenta, lo hemos dejado pasar, quizás
por miedo a perder el puesto de trabajo, por indiferencia, por apatías, por no
sentir apego a la carrera, o por cualquier otra razón que le pueda venir a la
cabeza. El asunto es ¿Cómo
debe ser el actuar de un docente desde su función formadora cuando se mezcla la
educación con el proselitismo?
La educación es un hecho
susceptible a la manipulación de quien la dirige. El docente debe recordar que a
las mentes en formación se les orienta,
se les explica
y se les invita a que investiguen
para que saquen
sus propias conclusiones... Más no se le manipula mostrándole solamente lo que
al docente le conviene enseñar.
La mente en formación
cree ciegamente lo que el docente le muestra, le dice, o le enseña... pues para ellos su maestro(a) o
profesor(a) es la autoridad. Cuando un educador emplea dicha autoridad para
manipular la mente de sus estudiantes cae en perversión educativa. Entendida la
perversión como "Corrupción moral, transmisión de maldad y vicios a través
de la enseñanza" 1
Desde esta perspectiva
no se acepta como justificativo valido la típica excusa que plantea: "lo hice por que fue una
orden de mi superior." El cumplimiento de la ley se debe imponer ante todo
síntoma de autoritarismo.
La preservación de un
aula libre de proselitismo
o propaganda partidista no se hace por el simple capricho de
esta docente sino por el respeto aquellos estudiantes cuyos padres pudieran ser
o tener pensamientos opuesto al que se
quiera imponer y quienes no envían a sus hijos a la escuela para que se los
adoctrinen.
Seamos honestos y
practiquemos el fair play. Nuestras escuelas no son cultivos en donde se
pretende sembrar futuros adeptos.